El príncipe lobo es un cuento popular danés recopilado por Svend Grundtvig.
Sinopsis[]
Un rey está dando un paseo por los jardines de su palacio junto con su única hija cuándo comienza a notar un picor en la cabeza, y le pide a su hija que mire a ver cuál es la causa de la molestia. La princesa mira, y encuentra un piojo en la cabeza de su padre. Como ninguno de los dos habían visto antes un piojo, en vez de matarlo lo metieron en un cuenco lleno de mantequilla, a ver cuánto crecía. En un año el piojo había engordado tanto que ocupaba el cuenco entero, así que lo metieron en un tarro lleno de mantequilla, y al pasar otro año el piojo se había vuelto tan grande que ocupaba el tarro entero. Entonces sacaron de allí al piojo y lo metieron en un baúl lleno de mantequilla, y tras un año y un día el piojo creció tanto que a punto estaba de reventar el baúl. El rey considero que ya no podía mantener con vida a la criatura, así que ordeno que la mataran, que la desollaran y que la piel del animal fuera clavada en la puerta de los establos.
Cómo la hija del rey era muy bella, ella tenía muchos pretendientes, pero los rechazaba a todos. El rey, harto de que su hija no se decidiese por uno, público un bando en el que decía que aquel que fuese capaz de descubrir de que animal era la piel que estaba clavada en la puerta de los establos de palacio se casaría con la princesa. Al instante se presentan en palacio príncipes, caballeros y duques, pero ninguno logra acertar a que animal pertenece la misteriosa piel, hasta que un día se presenta un lobo, que tras olisquear la piel afirma que está pertenece a un piojo. Tras acertar el acertijo, el lobo se marcha, no sin antes decirle al rey que la próxima semana vendrá a por su hija. En cuanto la reina se entera que su única hija tendrá a un lobo por esposo muestra su desagrado, pero la princesa convence a sus padres de que ellos dieron su palabra, y deben de cumplirla. Pasada una semana, el lobo se vuelve a presentar en palacio, para llevarse a la princesa. El rey ordena que preparen un carruaje para llevar a su hija, pero el lobo le dijo que no haría falta, que si la princesa se cansaba por el camino, ella podría montarse en su lomo, y él la llevaría al galope. La princesa se despide de sus padres y se marcha con el lobo, y cuando ya están lejos del castillo de los padres de la princesa, el lobo la manda que se suba a su lomo. La princesa se monta, y el lobo echa a correr por el bosque hasta llegar a un espléndido castillo, que el lobo dice ser el dueño, y que a partir de ahora también sera el de ella. Pero la princesa debe de prometer que jamás encenderá luz alguna cuando estén dentro.
El lobo muestra a la princesa todas las estancias del castillo, y luego se sientan a comer en la mesa antes de irse a la cama A pesar de que la princesa ve la mesa servida y la cama hecha, no ve a nadie más en todo el castillo salvo al lobo y ella. Transcurre un año entero y la princesa vive en el castillo con el lobo, que todos los días se va a correr al bosque y vuelve al caer la noche. Durante la noche, aunque ella no podía verlo por que no podía encender luz alguna, ella había notado que el lobo se volvía humano. La princesa y el lobo tienen un hijo, pero en cuanto el niño nace el lobo se lo lleva. Pasados dos años, el lobo pregunta un día a la princesa si no quiere ir a ver a sus padres. La princesa le responde que sí, y el lobo la dice que la llevara él, y que podrá quedarse con sus padres tres días. Al tercer día vendrá a buscarla, y ella no pude llevarse nada de su antigua casa. La princesa acepta la condición, y el lobo la manda que se suba a su lomo. La princesa lo hace, y el lobo la lleva al castillo de sus padres, que reciben a su hija con gran alegría, pues la habían dado por muerta. La princesa les cuenta a sus padres todo lo que le ha ocurrido durante su estancia en el castillo del lobo. El tercer día, cuando el lobo va a volver a llevársela, la reina trata de persuadir a su hija para que se quede un poco más, pero ella le responde que no puede, por lo que la reina la convence para que al menos se lleve con ella un cuchillo, para que coloque en el borde de la cama. Cuando por la noche el lobo se meta en la cama con ella, si al hacerse daño con el cuchillo grita, significa que la princesa tiene por esposo a un trol, pero si solo es un quejido, significa que es un humano preso de un encantamiento. La princesa deja que las dudas sobre con quién se ha casado la invadan, y termina por hacer caso a su madre y llevarse el cuchillo con ella, a escondidas del lobo.
A la noche siguiente la princesa coloca el cuchillo que su madre le había dado en el lado de la cama de su esposo. Cuando el lobo se mete en la cama, la princesa oye un quejido, y deduce que por lo tanto su esposo no es un trol, sino un ser humano. Pero el alivio poco le dura, ya que el lobo le dice a la princesa que no ha cumplido su palabra. Ella le pide que le perdone. A la mañana siguiente, cuando la princesa ve la herida que el lobo tiene en su pata por culpa del cuchillo, su culpa aumenta. Pasado un tiempo la princesa da a luz a una niña, y al igual que cuando dio luz a un niño, el lobo coge a la niña en cuanto nace y se la lleva al bosque. Cuando ya se han cumplido cuatro años desde que la princesa se fue a vivir con el lobo, este vuelve a preguntarla si no quiere volver a visitar a sus padres. La princesa dice que sí, y el lobo le da las mismas condiciones que le había dado la última vez. La princesa promete cumplirlas todas esta vez, y durante el camino al castillo de sus padres, la princesa no puede evitar darse cuenta que el lobo está cojeando, y sentirse culpable por ello. Antes de irse y dejar a la princesa con sus padres, el lobo le recuerda las condiciones, y ella le da un beso y promete cumplirlas. La princesa le cuenta a su madre que su plan para averiguar si su amado era trol o humano ha funcionado, y la reina le dice a su hija que se alegra por ella, pero también la pregunta si no le interesaría saber que aspecto tiene su esposo por la noche, y le da un yesquero y una cerilla, para que los encienda mientras que el lobo está dormido y así poder ver como es cuándo no está bajo su forma encantada. La princesa se niega al principio, ya que eso supondría violar todas las condiciones que el lobo le había dado, llevándose al castillo algo del castillo de sus padres, y encendiendo una luz mientras estuviese en el castillo. Aún así, la reina coloca en el bolsillo de su hija el yesquero y la cerilla sin que ella se de cuenta.
Al llegar el tercer día, la princesa sale afuera del castillo a esperar al lobo, y cuando llega le da un beso, antes de subirse a su lomo para que la lleve de su vuelta a su castillo. A medio camino el lobo se para y le dice a la princesa que espera que ella haya cumplido su palabra esta vez y no lleve con ella nada del castillo de sus padres, pero que en caso de que lo haga, todavía esta a tiempo de deshacerse de ello. La princesa le dice que no, y retoman el camino, pero al llegar la princesa encuentra el yesquero y la cerilla en su bolsillo. Aunque la princesa se promete a sí misma no utilizarlos, una noche la princesa escucha al lobo quejándose en sueños. Preocupada por él, saca el yesquero y la cerilla, los enciende y queda sorprendida al ver yaciendo a su lado al más bello y apuesto de los mancebos. Tan hermoso le pareció que no pudo resistir la tentación y le dio un beso, olvidándose de apagar antes la cerilla. Entonces el joven se despertó, y al ver la cerilla encendida, le contó a la princesa que él era un un príncipe, preso del maleficio que una malvada bruja le había arrojado por no querer casarse con su hija, y que solo podría romperse si una doncella inocente y pura se enamorase de él a pesar de estar encantado, y conviviese con él siete años, pero sin contemplar jamás su rostro. Y como ella le había visto la cara, ya no podían estar juntos. Dicho esto, el príncipe volvió a convertirse en lobo y huyo al bosque.
La princesa sale corriendo detrás de él, y siguió su rastro durante todo un día entero, hasta llegar a un castillo, dónde perdió el rastro. La dueña del castillo invitó a pasar a la princesa, y ella le pregunto si no había visto a un lobo pasar por allí hace poco. La dueña del castillo le respondió que sí, que su hermano el príncipe lobo había estado allí, pero que ya se había marchado. La hermana del príncipe invita a su cuñada a pasar la noche en el castillo, dónde la princesa encuentra a un niño de tres años que resulta ser su hijo, al que el príncipe había dejado con su tía para protegerlo de la bruja. La princesa paso la noche en el castillo de su cuñada y al día siguiente retomó su viaje, no sin antes despedirse de su hijo. La princesa volvió a encontrar el rastro del príncipe lobo y lo siguió hasta que oscureció, cuando volvió a perder el rastro y llego a otro castillo, cuya dueña también le invito a pasar. Cuando le pregunta por el príncipe lobo, la dueña del castillo le responde que sí, que ella también es hermana suya, y que el príncipe lobo ya ha pasado por allí, pero ya se ha marchado. La dueña del castillo invita a la princesa a pasar la noche en su castillo, en el que resulta que la princesa descubre que su hija se encuentra allí, la cuál había sido llevada a vivir con su tía para protegerla también de la bruja. A la mañana siguiente la princesa se despide de su hija antes de retomar su viaje y continuar con la búsqueda del príncipe lobo.
La princesa sigue el rastro durante todo un día entero, hasta llegar al pie de una alta montaña de cristal. Cuando mira hacía arriba, la princesa ve al príncipe lobo escalandola, y cuando llega a la cima, recobra su forma humana y la saluda antes de desaparecer. La princesa trata de escalar también la montaña, pero o bien la superficie es demasiado lisa y resbaladiza, o bien es demasiado afilada y se corta. Al final se queda a los pies de la montaña, pensando en cómo conseguiría escalarla. Pasa la noche y al día siguiente intenta subir por otro lado, pero tiene el mismo éxito que antes. Frustrada, la princesa comienza a llorar, y a esto que aparece un anciano, que pregunta a la princesa por qué llora. La princesa se lo explica, y el anciano manda a la princesa con el herrero más cercano, para que le encargué un par de zapatos de hierro, con pinchos en las suelas, con los que escalar la montaña. También le da a la princesa un aceite mágico con el que se curara todas las heridas que se haga durante la subida. En cuanto la princesa consigue los zapatos, escala la montaña, y a pesar de todas las heridas que se hace durante la escalada, aguanta el dolor, y en cuanto llega a la cima se aplica el aceite que el anciano y las heridas, así como el dolor, desaparecen.
Una vez en la cima, la princesa se da cuenta de todos los hermosos árboles y bellas flores que hay, y erigido un castillo hecho entero de oro puro. La princesa encuentra un rastro de sangre, que pertenece al príncipe lobo, que es de la sangre que emana de las heridas que se hizo al escalar la montaña, y la princesa lo sigue hasta llegar al castillo. Aunque la princesa deduce que el príncipe lobo debe de encontrarse dentro de aquel castillo, también deduce que ahí también debe de encontrarse la bruja que le echo el maleficio. Así que, para entrar en el castillo sin levantar sospechas, cuando la preguntaron que venía a hacer allí, ella respondió que buscaba trabajo, sin mencionar nada del príncipe lobo, o de que ella era hija de reyes. La ponen a trabajar en las cocinas, dónde la princesa se entera que la hija del bruja pronto se casara. Ya en su primer día de trabajo, la bruja manda a la princesa al río con una trozo de franela blanca, que ha de lavar hasta que se vuelva de color negro. Si no lo conseguía, la echaría del castillo. La princesa intento cumplir la orden de la bruja, pero por más que la lavaba, más blanca se volvía la tela. Justo cuando la princesa esta a punto de rendirse, el mismo anciano que había aparecido a los pies de la montaña aparece allí también, y le pregunta a la princesa que está haciendo. La princesa se lo cuenta, y el anciano le responde que la ayudará, con la condición de que se vuelva su novia. La princesa se niega, pero el anciano la ayuda de todos modos. De un solo golpe con su varita, la tela se vuelve negra como el carbón.
Al día siguiente la bruja vuelve a mandar a la princesa al río a lavar el trozo de franela negra, para que la vuelva blanca como la nieve, y si falla, la bruja la echara del castillo. La princesa lo intenta, pero no lo consigue. Entonces aparece el anciano otra vez, y le dice a la princesa que si acepta ser su novia, la ayudará. Ella se niega otra vez, pero aún así el anciano la ayuda, y de un golpe con su varita vuelve la franela blanca como la nieve recién caída. La princesa le lleva la franela a la bruja, quién la manda a casa de su hermana, en Hebbenfeld, a por las joyas nupciales para la boda de su hija, ya que si es capaz de lavar un trozo de franela blanca para que se vuelva completamente negra, y luego lavarla otra vez para que se vuelva blanca, podrá ir y volver de la casa de su hermana. La princesa va al día siguiente, pero llega a una encrucijada en la que el camino se divide en tantos que la princesa no sabe cuál tomar. Aparece entonces un apuesto joven, que propone a la princesa decirla por dónde se va a Hebbenfeld, con la condición de que sea su novia, pero la princesa le rechaza. A pesar de eso, el joven le da un ovillo, cuyo hilo debe de seguir para llegar hasta la casa de la hermana de la bruja, un cerrojo, una bolsa llena de maíz, dos rastrillos de horno, dos cucharones, dos hogazas de pan y un tarro lleno de grasa para las hebillas de una puerta. También advierte a la princesa que, cuando llegue a la casa de la hermana de la bruja, no acepte ningún alimento que esta le ofrezca, y que en cuanto consiga las joyas nupciales, se marche de allí corriendo, sin mirar atrás.
La princesa sigue el ovillo hasta llegar a unas puertas que están constantemente abriendo y cerrándose. La princesa coloca el cerrojo, y la puerta la deja pasar. Después se encuentra con unos gansos, que tratan de atacarla, pero ella les arroja el maíz del saco y los gansos, que se distraen comiendo, la dejan pasar. Después llega a una panadería, dónde encuentra a dos hombres retirando los carbones candantes del horno con sus propias manos desnudas. La princesa les da entonces los rastrillos, y en agradecimiento por no tener que volver a sacar los trozos de carbón calientes con las manos, los panaderos dejan pasar a la princesa. Más adelante llega a una cervecería, en la que ve a dos mujeres removiendo el contenido de un caldero con las manos, y la princesa les da los cucharones. Agradecidas dejan pasar a la princesa, que prosigue su camino hasta que se encuentra con dos fieros perros, a los que apacigua dándoles las dos hogazas de pan que el joven le había dado. Después llega a otra puerta, esta de hierro, que provoca horribles chirridos. La princesa engrasa las hebillas, silenciando a la puerta, que la deja pasar.
Cuando la princesa por fin llega a la casa de la hermana de la bruja, la saluda educadamente y dice que viene en nombre de su hermana, a recoger las joyas nupciales para la boda de su sobrina. La bruja deja sola en la habitación a la princesa, diciendo que va a buscar las joyas, y la pide que la espere. Mientras, le da una pata de ternera, para que coma mientras que espera. La princesa, recordando el consejo del joven, tira la pata de ternera bajo el banco en cuanto la bruja abandona la habitación, pero la bruja vuelve al poco rato, y pregunta a la pata de ternera dónde esta, y la pata responde que bajo el banco. La bruja vuelva a dejar la habitación, diciendo irse en busca de las joyas, y saca la pata de ternera de debajo del banco, diciendo a la princesa que espera que se coma la pata cuando vuelva. La princesa entonces esconde la pata en su pecho, y cuando la bruja vuelve y pregunta dónde esta, la pata responde que esta en su pecho. La bruja entiendo que esa respuesta quiere decir que la princesa se ha comido la carne, y le entrega un cofre, en cuyo interior le dice que se encuentran las joyas, pero que no debe de abrir durante el camino de vuelta. La princesa coge el cofre y se marcha. Cuando llega a la puerta de hierro, oye a la bruja ordenar a la puerta que la detenga, pero la puerta se niega, ya que la princesa se ha dignado a engrasarla, cosa que la bruja nunca se ha molestado en hacer. Después, cuando llega a dónde están los perros, oye a la bruja ordenarles que la muerdan y la descuarticen, pero los perros se niegan a hacerla daño. Lo mismo sucede cuando la princesa llega a dónde están las mujeres, los panaderos, los gansos y la puerta. Una vez que la princesa ya se supone que ha dejado atrás todos los peligros, a la princesa le entra la curiosidad y abre el cofre, del que sale un pájaro, que se marcha volando. La princesa, temiendo de lo que la bruja le haga si vuelve con el cofre vacío, rompe a llorar. Aparece entonces el joven que antes le había ayudado, que se ofrece a capturar el pájaro por ella y volver a meterlo en el cofre, con la condición de que sea su novia. Pero la princesa le vuelve a rechazar. A pesar de ello, el joven le pregunta a la princesa si la bruja le dio de comer algo cuando estuvo en su casa. La princesa le responde que una pata de ternera, y para demostrarlo se la saca del pecho, ya que aún la llevaba. El joven le da a la pata un golpe con su varita, y esta sale corriendo. La pata vuelve al poco rato, seguida de las joyas nupciales, que vuelven a meterse en el cofre. Una vez recuperadas las joyas, la princesa se las lleva a la bruja.
La bruja le anunciá a la princesa que la boda de su hija se celebrará al día siguiente, y le asigna la tarea de protar las antorchas detrás de los novios en el comité nupcial. El día de la boda, los peores temores de la princesa se confirman cuando ve que el novio era el príncipe lobo. La princesa no tarda en sentir como las antorchas se están consumiendo, y no puede soltarlas, por lo que no tardará ella en empezar a quemarse. Cuando la ceremonia ya ha terminado, los novios se dirigen a la cámara nupcial, pero antes de entrar el príncipe le quita las antorchas a la princesa, y le da una a la bruja y otra a la hija de la bruja, que mueren quemadas vivas, y su castillo es reducido a cenizas con ellas. El príncipe y la princesa consiguen escapar a tiempo, y ya libres de la amenaza de la bruja, van primero a los castillos de las hermanas del príncipe, para recoger a sus hijos, y después a visitar a los padres de la princesa, para que conozcan a sus nietos, antes de que la familia reunida por primera vez se vaya al reino del príncipe.
Traducciones e inclusión en otras colecciones[]
Jane Mulley tradujo el cuento al inglés, y su traducción fue publicada por primera vez en la revista The Folk-Lore Record, en 1878. Heidi Anne Heiner incluyo la traducción de Mulley en la colección Beauty and the Beast Tales From Around the World, publicada en 2013.
Ver también[]
- La pulga, cuento de Il Pentamerone de Giambattista Basile.
- El tronco de oro, cuento de Il Pentamerone de Giambattista Basile.
- Filo d'Oro y Filomena, cuento popular italiano recopilado por Domenico Comparetti.
- El Rey del Amor, cuento popular siciliano recopilado por Giuseppe Pitrè.
- El rey Cardiddu, cuento popular siciliano recopilado por Laura Gonzenbach.