La culebrilla es un cuento popular catalán recopilado por Francisco Maspons y Labrós.
Sinopsis[]
La hija de un carbonero encuentra una culebrilla en el bosque y se compadece de ella, por lo que se la lleva a su casa, la guarda en una olla nueva que había comprado y la alimenta con leche hasta que es tan grande que apenas cabe en la olla. El padre de la muchacha, al saber de la existencia de la culebra, quiere matarla, pero su hija tanto le ruega que decide que él no matará a la culebra, en su lugar la muchacha deberá de hacerlo. Muy triste la muchacha coge a la culebra y la lleva a la playa, dónde en lugar de matarla ahí la deja. Antes de marcharse, en agradecimiento por dejarla con vida la culebra bendice a la muchacha con el don de convertir en oro todo cuanto toque, y decirla que, si alguna vez le ocurre algo malo, solo tendrá que venir a pedir ayuda. La muchacha vuelve a casa ya menos triste, y cuando llega su madre, que está fregando los platos, la manda que coja el estropajo. La muchacha en cuanto lo toca se vuelve de oro. A partir de ese día y gracias al don de su hija la familia del carbonero acumula una gran fortuna, llegando incluso a superar la del rey de aquellas tierras, quién al enterarse de las riquezas que un simple carbonero había llegado a acumular decidió ir a dónde vivían a confirmar los rumores con sus propios ojos. El carbonero, al ver lo joven que es el rey y lo hermosa que es su hija, a ésta la encierra con llave en una de las habitaciones de la casa para que el rey no la vea durante su visita. A pesar de sus esfuerzos durante la visita uno de los caballeros que acompañan al rey que es muy curioso, al ver que hay una puerta cerrada con llave, se preguntan que abra dentro y espía por la cerradura, descubriendo a la joven, de cuya existencia luego informa al rey, quién ordena al carbonero que deje salir a su hija. Al ver el rey que la muchacha es tan hermosa como le han dicho decide tomarla por esposa, y así la hija del carbonero se convierte en reina.
Tras la boda el rey y la hija del carbonero marchan al palacio real, y para no cansarse durante el viaje paran a descansar en una posada, en la que trabajaba una muchacha quién, envidiando a la hija del carbonero, aprovecho un momento que estuviera sola para arrancarla los ojos, dejarla colgada de un árbol y tomar su lugar. Aunque el rey nota algo distinto en su esposa, termina por considerarlo imaginaciones suyas y regresa a palacio en compañía de la impostora en lugar de su verdadera novia, quién permanece llorando, ciega y colgada de un árbol. La hija del carbonero siente unos pasos acercándose y pide a esa persona que la descuelgue del árbol. La mujer a la que pertenecen esos pasos se compadece de ella, la descuelga y la peina cuando la muchacha se lo pide. Al instante comienza a caer oro de los cabellos de la muchacha, que le dice a la mujer que es su recompensa por haberla ayudado. Una vez que la mujer ya se ha marchado la hija del carbonero, guiada por el ruido de las olas, va a la playa cercana y llama a su culebra, que surge de entre las olas preguntando que le ha ocurrido. La muchacha le cuenta lo sucedido, y al terminar la culebra para regresa al mar para volver a los pocos minutos con una hermosa manzana, con la que manda a la capital a venderla, pero que no se la venda a nadie que no sea la reina, y que no acepta otro pago que los ojos de una cristiana.
La muchacha parte a la capital con la manzana y se pone a pregonar bajo uno de las ventanas del palacio real. Todos los transeúntes, al ver la manzana, quieren comprarla, pero la muchacha rechaza a todos los compradores hasta que no aparece la esposa del rey y le pregunta cuanto quiere por la manzana. La hija del carbonero responde que ni por oro ni por plata, la manzana solo la vende por los ojos de una cristiana. A pesar del extraño precio la reina compra la manzana, aunque en lugar de los ojos de la muchacha le entrega los ojos de un gato, engaño que la muchacha no descubre hasta que no le lleva los ojos a la culebra, quién se lo dice. La culebra le da entonces a la muchacha una pera para que se la venda a la reina por el mismo precio, y esta vez la hija del carbonero consigue recuperar sus ojos. Recuperados los ojos la culebra engulle a la muchacha de un bocado, y cuando vuelve a sacarla la muchacha vuelve a tener sus ojos y ha recuperado la vista, además de haberse vuelto más hermosa que antes. Tras darle las gracias a la culebra la muchacha se presento en palacio, dónde pidió audiencia con el rey. Los criados al principio no quieren dejarla ver al reina, pero al final se lo permiten. El rey así descubre toda la verdad y ordena matar a la impostora.
Ver también[]
- La niña y la culebrina, cuento popular español recopilado por Aurelio de Llano Roza de Ampudia.
- Las tres hermanas, cuento popular italiano recopilado por Domenico Comparetti.