La Bella Florida es un cuento popular italiano recopilado por Domenico Comparetti, que Italo Calvino incluyo el cuento en la colección Cuentos populares italianos bajo el título Le Principesse maritate al primo che passa (Trad: Las princesas casadas con el primero que pasa).
Sinopsis[]
Versión de Italo Calvino:Las princesas casadas con el primero que pasa[]
Un rey tiene cuatro hijos, tres muchachas y un varón. Antes de morir el rey le pide a su hijo como última voluntad que, cuando sus hermanas tengan edad de casarse, las case con el primero que pase por la calle cuando se asomen al balcón, independientemente de su condición. Una vez muerto el rey, el príncipe hace que cada una de sus hermanas contraigan matrimonio con el primero que pase por la calle cuando se asomen al balcón. De esta forma la mayor termina casada con un porquerizo, la mediana con un cazador, y la menor con un sepulturero. Después de que sus hermanas se casen el príncipe se queda solo en palacio. Un día se le ocurre hacer lo mismo que hicieron sus hermanas para escoger novio, y prueba a ver si hay suerte. Cuando se asoma ve pasar por la calle a una lavandera, y la ordena que suba, pero la lavandera se niega. El príncipe continúa insistiendo, hasta que al final la lavandera, harta, le pregunta por qué no se va buscar a la bella Florida.
El príncipe decide salir entonces en busca de esa bella Florida que le mencionan, y caminando llega a un palacio rodeado por una inmensa piara de cerdos, en el que resulta que viven su hermana mayor y su esposo el porquerizo. El príncipe les pregunta por la bella Florida, y aunque ellos no saben nada, le dicen que tal vez sus hermanas y sus respectivos esposos sepan algo. Y antes de que el príncipe se marche el porquerizo le da tres pelos de cerdo, que le bastará con arrojar al suelo si alguna vez necesita ayuda. El príncipe sigue caminando hasta que llega a un palacio en mitad de un bosque repleto de pájaros, en el que resulta que viven su hermana mediana y su esposo el cazador. El príncipe les pregunta por la bella Florida, y aunque ellos no saben nada, le dicen que tal vez su hermana menor y su esposo el sepulturero sepan algo. Antes de que el príncipe se marche su cuñado el cazador le entrega tres plumas de pájaro, que solo tendrá que arrojar al suelo si alguna vez necesita ayuda. El príncipe siguió su camino hasta llegar a un palacio rodeado de tumbas, en el que vivía su hermana menor en compañía de su esposo el sepulturero. Esta vez, cuando el príncipe preguntó por la bella Florida, su hermana y su cuñado le dijeron dónde vivía la bella Florida, e incluso le dijeron dónde vivía una anciana que podía ayudarle. Antes de marcharse el sepulturero le dio al príncipe un hueso de muerto, que solo tendría que arrojar al suelo si alguna vez necesitaba ayuda.
El príncipe llega por fin a la ciudad en la que vive la bella Florida, y se instala en la casa de la anciana de la que su hermana menor le habló, que vive enfrente del palacio del padre de la bella Florida, que es el rey del lugar . Todos los días el príncipe ve a la bella Florida asomarse, con el rostro cubierto con un velo, y la anciana le advierte al príncipe que no se moleste en pedirle la mano a la princesa, pues el rey ha impuesto tareas imposibles de realizar a todos los pretendientes de su hija, y al que no lo consigue ordená decapitarlo. Pero el príncipe ignora las advertencias de la anciana y va a pedir la mano de la bella Florida. El rey encierra al príncipe en un cobertizo lleno de estanterías repletas de fruta, y le dice que si quiere casarse con la princesa deberá de comerse toda la fruta que hay en un día. En cuanto se queda solo el príncipe se acuerdo de los tres pelos de cerdo que le dio su cuñado el porquerizo, los arroja al suelo y al instante el cobertizo se llena de cerdos que devoran toda la fruta. Pero al rey no le basta con una prueba, y le pone al príncipe otra, en la que tiene que conseguir que su hija, la bella Florida, se duerma con el canto de los pájaros. Esa noche el príncipe arroja al suelo las tres plumas de pájaro que le dio su cuñado el cazador y al instante se llenó el cielo de pájaros, que con su dulce canto durmieron a la princesa. El rey le concede al príncipe la mano de la bella Florida, pero le advierte que si para mañana por la mañana el príncipe y la princesa no tienen un hijo, los hará ejecutar a ambos. El príncipe saca el hueso que su cuñado el sepulturero le había dado, lo arroja al suelo y el hueso se convirtió en un precioso niño con una manzana de oro en la mano, que a la bella Florida la llamaba mamá, y al príncipe papá. Al ver al niño el rey nombra al príncipe su heredero, y para celebrarlo el príncipe da una fiesta a la que invita a sus tres hermanas y a sus tres cuñados, que tanto le habían ayudado.