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Il cestello (Trad: El cestito) es un cuento popular italiano recopilado por Domenico Comparetti, que Italo Calvino incluyo el cuento en su colección Cuentos populares italianos bajo el título L'acqua nel cestello (Trad: El agua en el cestito).

Sinopsis[]

Una madre viuda con una hija se casa con un padre viudo que tiene otra. Como la mujer no quiere a su hijastra, sino a su hija, siempre esta buscando excusas para pegarla, y una de ellas es mandarla a por agua con un cestito, del que siempre se derrama el agua. Así, cuando la muchacha llega a casa, el cesto esta vacío, y con esa excusa su madrastra la pega. Un día el cesto se le cae al río, y la muchacha corre para recuperarlo. Cada poco se encuentra con alguien y le pregunta si han visto el cesto, pues lo pierde de vista, y todos la responden que siga la corriente. Finalmente se encuentra con una anciana sentada en una roca, que le dice que ha cogido se cesto y se lo devolverá si la ayuda a espulgarse la espalda. La muchacha así lo hace, y cuando la anciana le pregunta que ve, la muchacha responde por ser amables que perlas y diamantes. La anciana, enigmáticamente, le dice que entonces eso tendrá. Después de que la muchacha termine de espulgarla, la anciana la lleva a su casa y le pide que le haga la cama. La muchacha así lo hace, y cuando la anciana le pregunta que ve, ella responde por ser amable rosas y jazmines. Después la pide que barra el suelo, y vuelve a preguntarla que ve, y ella responde que perlas y querubines. En ambos casos la anciana le responde que si eso es lo que ve, eso será lo que tendrá. Cuando por fin la deja marcharse, le pregunta si quiere oro, seda y aros de diamantes, o coral, percal y aros de cristal. La muchacha responde que coral, percal y cristal, y la anciana le entrega un vestido de seda, un collar de oro y aros de diamantes, y la bendice con qué, cada vez que se peine, de un lado de su cabeza caerán rosas y jazmines, y del otro perlas y rubíes. También le advierte que, cuando al volver a su casa oiga rebuznar al burro no se de la vuelta, pero si cuando oiga cantar al gallo. La muchacha sí lo hace, y en su frente sale una estrella de oro.

Su madrastra en cuanto la ve le pregunta quién le ha dado ese vestido tan hermoso, y ella se lo cuenta todo. La mujer le da entonces a su hija le entrega un cesto y le dice que lo tire al río y lo siga río abajo. La muchacha así lo hace, y se encuentra con la misma anciana, que la pide que haga las mismas tareas que le había pedido hacer a su hermanastra. Pero, en vez de ser amable, cuando la anciana pregunta que es lo que ve, la muchacha responde de forma grosero. Cuando espulga la espalda de la anciana, contesta que lo único que ven son pulgas y sarna. Cuando hace la cama responde que solo encuentra chinches y piojos entre las sábanas. Y cuando barre el suelo, dice que solo ve una apestosa mugre. A todas esas respuestas la anciana tan solo comenta que si eso es lo que ve, eso será lo que tendrá. Cuando llega por fin la hora de marcharse, la anciana pregunta a la muchacha si prefiere irse llevando un vestido de seda, collar de perlas y pendientes de oro, o vestido de arpillera, collar de cordel y pendientes de parpalla. La hermanastra escoge la seda, el oro y las perlas, pero en cambio recibe parpalla, cordel y arpillera. La anciana también la dice que, en vez de girarse cuando cante el gallo, lo haga cuando oiga rebuznar al burro. La muchacha así lo hace, y en lugar de una estrella de oro le sale una cola de burro en la frente. Su madre se la corta, pero la cola vuelve a crecer, y además más larga que antes.

Un día el hijo del rey ve a la muchacha con la estrella de oro en la frente y la pide matrimonio. La muchacha acepta y se lo cuenta a su madrastra, quién la pide que, antes de irse, le lave la cuba. Ella, sin sospechar las verdaderas intenciones, se mete dentro y su madrastra la encierra. Con su hijastra encerrada la mujer pone agua a hervir, para luego echarla en la cuba y matarla, pero mientras ella se encuentra hirviendo el agua su hija encuentra a la hijastra en la cuba y le pregunta que hace ahí encerrada. La muchacha responde que va a casarse con el príncipe, y a la hermanastra se le ocurre intercambiarse con ella, pues cree que la cuba es su forma de escapar a palacio. Así, cuando la madrastra llega y echa el agua hirviendo, la que se encuentra dentro no es su hijastra sino su hija. Cuando su marido descubre lo que ha hecho su mujer y es informado de las verdaderas intenciones que tenía, le da una tunda, y la muchacha con la estrella de oro se casa con el príncipe.

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