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En un mundo donde la imagen y la opinión pública dominan las relaciones humanas, dos jóvenes, Marta y Luis, forman un vínculo que, al principio, parece inquebrantable. Pero la llegada de la intrigante Clara revoluciona su armoniosa existencia, llevándolos a enfrentar la angustia y a explorar las profundidades de su propio ser.

A medida que se enredan en un torbellino de emociones y deseos, los protagonistas se ven obligados a enfrentar sus inseguridades y a resolver sus anhelos más profundos. Clara, con su irresistible encanto y mirada penetrante, refleja distorsionadamente las aspiraciones y luchas de Marta y Luis, mostrando que la búsqueda de la felicidad puede tener un costo inesperado.

Este relato, cargado de ironía y crítica social, explora las complejidades del amor, la traición y la identidad en una era donde lo superficial a menudo eclipsa lo esencial. A través de diálogos agudos y un vaivén de emociones entre lo cómico y lo trágico, la novela invita al lector a reflexionar sobre la naturaleza de las relaciones humanas y el verdadero significado de ser visto y comprendido. En un desenlace revelador, se cuestionan los límites de la autenticidad, dejando a los personajes en busca de una verdad que puede ser tanto liberadora como devastadora.

Courtesy: Antonny1997

Capítulo 5: La Oscuridad Detrás de las Sonrisas     

Pag 129 and subsequent

Poetic Prologue

"Detrás de las apariencias y el superficial glamour virtual que te invita a degustar el manjar de los tontos, florece un sentimiento que se alimenta de la indiferencia. En este festín de ilusiones, las verdades se disuelven y las promesas se desvanecen, dejando corazones vacíos, sumidos en la oscuridad.

Hasta que, entre las sombras, un destello de conciencia se abre paso. Latente, pero lo suficientemente fuerte como para sembrar dudas en el espectáculo de falsedades. La indiferencia, antes reina indiscutible, comienza a tambalearse frente a la insaciable búsqueda de sentido.

Los corazones vacíos, sedientos de autenticidad, rompen el letargo y se aventuran a rasgar los velos de la ilusión. En la grieta que se abre, la verdad, tímida al principio, se filtra y con ella llega el despertar. Porque por más que el artificio intente seducir, la esencia siempre encuentra su camino de regreso."

Era un claro amanecer en aquel rincón apartado del mundo donde Marta y Luis habían decidido trasladarse, convencidos de que el esplendor de su entorno era la solución para reavivar la chispa de su amor y, por ende, su producción de contenido. Sin embargo, en aquel refugio designado como su santuario, lo que surgía del aire fresco y vibrante no eran sólo aromas de la naturaleza resplandeciente que reverdecía a su alrededor, sino también la insidiosa presencia de un desasosiego que, aunque apenas perceptible por aquellos que se sentaban cómodamente en su pedestal de imagen perfecta, comenzaba a hacer mella en sus corazones.

Marta, con el rostro entrecerrado por las suaves luces matutinas, se sentó a la mesa del comedor, una construcción de madera rústica que, si bien ostentaba cierta belleza, era incapaz de enmascarar las grietas que comenzaron a aparecer en su relación. Cada uno de sus movimientos, cuidadosamente ensayados para su último video de Instagram, parecía un espectáculo en el que ella misma había perdido el papel principal. Desde la distancia, Luis la observaba, pero su mirada, que antes brillaba con admiración y deseo, ahora apenas escondía un atisbo de reproche.

"¿Por qué no me miras así? —musitó ella, la voz impregnada de un tono casi infantil, pero con un atisbo de desesperación que manchaba la dulzura de sus palabras—. ¿Acaso estás tan absorto en tus propios pensamientos que te has olvidado de mí?".

Luis apartó la mirada, tocando la pantalla de su móvil, como si el frío cristal pudiera ofrecerle consuelo o, al menos, una distracción de su creciente inquietud. "Lo estoy intentando, Marta, realmente lo estoy", respondió, su voz apenas un eco de la certeza que solía prevalecer en su discurso. La frágil dependencia de las redes sociales, que una vez los había unido en su búsqueda de la aprobación pública, ahora se erguía entre ellos como un muro de cristal, transparente, pero irrompible.

Los días transcurrieron en ese ambiente tenso y agobiante, marcados por la artificialidad de las imágenes que compartían con un mundo que podía admirar su esplendor sin vislumbrar la helada atmósfera que cernía sobre ellos. Las publicaciones se sucedían en un flujo constante, cada una más elaborada que la anterior, con sonrisas que parecían etéreas, pero que eran, en esencia, meras máscaras que ocultaban la rotura que se gestaba en su interior.

Un día, durante una caminata improvisada por el exuberante paisaje que los rodeaba, se encontraron con Clara, la enigmática joven que había cruzado sus caminos de una manera tan intrusiva como ineludible. Desde su primer encuentro, su presencia había despertado una curiosidad inquietante en Marta, así como una profunda desconfianza en Luis. Clara estaba allí, con su risa despreocupada y su aire de misterio, como si fuese una figura salida de un relato inquietante. Había algo en su mirada que alumbraba con una intensidad inesperada y, a la vez, perturbadora.

“¿Por qué no se unen a mí para una reflexión? —dijo Clara, con una sonrisa que parecía conceder la habilidad de construir un puente entre la ligereza y lo ominoso—. Hay tanto en lo que pensar, ¿no creen?”

Marta, al notar el destello de interés en los ojos de Clara, sintió una mezcla de fascinación y hostilidad. Esa devoradora curiosidad de Clara hacia la complejidad de su relación se asemejaba a un ladrón que entraba en un hogar y se adueñaba de sus secretos. “Claro, suena interesante”, respondió Marta, aunque su voz titubeó a medida que el temor comenzó a ocupar su mente como un escalofrío persistente.

Mientras se sentaban sobre un tronco caído, las palabras de Clara se iban entrelazando con la atmósfera que los rodeaba. La joven comenzó a hablar con una fluidez inquietante sobre la naturaleza de las relaciones modernas, señalando cómo vidas que una vez fueron llenas de secretos y matices ahora se reducían a la superficie brillante de una cuenta de Instagram. “El miedo a la descomposición es lo que motiva cada ‘like’ y cada comentario”, dijo, mientras su mirada evaluativa recorría el rostro de ambos.

Luis, atrapado en esa conversación que lo hacía sentir como un espía en su propio corazón, interrumpió: “¿Pero no estamos aquí para disfrutar? La vida puede ser simple y hermosa, ¿no?”. Su voz resonó como una súplica, pero la intensidad de sus palabras daba fe de su creciente desacuerdo.

“Es hermoso, sin duda —replicó Clara, sus ojos centelleando con algo más que mera emoción—, pero también es un engaño perpetuo. El instante en que la cámara está apagada es donde ocurre el verdadero horror”. La sonrisa de Clara se intensificó, como si en su mención de lo aterrador hubiera desatado algo que ya se ocultaba en las profundidades.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos. Marta se preguntó si sus palabras eran un presagio o simplemente la ramplona provocación de una joven cuyo atractivo emanaba de su capacidad para desestabilizar los cimientos de su mundo. Sin embargo, el encanto de Clara la atraía de tal manera que no podía evitar preguntarse si, al igual que ella, había sido presa de esa inefable búsqueda de legitimidad que tantas veces la había castigado.

Luis, cada vez más agobiado por la atmósfera electrificada, sugirió regresar. A medida que se alejaban, sentía que cada uno de sus pasos estaba cargado de un peso palpable. Marta, por su parte, observaba a Clara desaparecer en la distancia, sintiendo una inquietante mezcla de anhelo y recelo crecer en su interior.

Aquel encuentro no era más que la punta del iceberg; había desnudado una incertidumbre que se desbordaba de los límites convencionales de su vida pública. Era un presagio ominoso, un recordatorio imborrable de que la oscuridad siempre estaba al acecho, aunque su brillante fachada haya logrado mantenerla a raya por el momento.

Las semanas siguientes las pasaron en un ciclo repetitivo, con las publicaciones en sus redes sociales saturadas de imágenes resplandecientes y sonrisas hábilmente esbozadas. Sin embargo, a medida que las interacciones con Clara se hicieron más frecuentes, esa luz tan ansiada comenzó a volverse molesta, como el resplandor de un fuego artificial. Los corazones de Marta y Luis comenzaron a desbordar una inquietud inconfesable, hasta el punto en que lo que deberían haber considerado trivial se convertía en un torbellino de emociones ocultas.

Sin embargo, en lo más profundo de sus almas, sabían que Clara no solo era la chispa que avivaba el fuego, sino también un espejo distorsionado de sus propios deseos reprimidos, anhelos que habían sido enterrados bajo capas de filtraciones superficiales. En sus miradas compartidas y lo palpable de sus encuentros, lo que una vez fue genuino y divertido había comenzado a convertirse en un campo de batalla silencioso, un lugar donde las sonrisas, tan meticulosamente elaboradas, palidecían ante la posibilidad de ser verdaderamente vistos.

Con el paso de los días, una oscura comprensión comenzó a manifestarse entre ellos, una que amenazaba con desmantelar incluso la fachada más brillantemente elaborada. En aquel instante, entre las palabras no dichas y las verdades ocultas, la trama del horror psicológico que se desplegaría ante sus ojos comenzaba a tejerse, un intrincado diseño que no podría ignorarse, por mucho que desearan hacerlo. Sin embargo, la pregunta persistente seguía acechando: ¿Cuánto tiempo podrían sostener esa extraña danza entre amor y desconfianza antes de que la gravedad de su situación reclamara su vida, como una sombra victimaria del pasado manifestado en el presente?

Los días transcurrieron como horas en aquel envase de ilusiones que llamaban hogar. A pesar de la belleza del paisaje que los rodeaba, la atmósfera era cada vez más densa, cargada de un malestar que Marta y Luis no podían identificar con certeza. Las interacciones con Clara habían intensificado un sentimiento de inquietud que distorsionaba cualquier atisbo de paz que alguna vez habían conocido. Se encontraban atrapados no solo en una red de conexiones virtuales, sino también en la desconcertante telaraña de emociones intensas y ocultas.

Una tarde, decidieron organizar una transmisión en vivo en Instagram, con la esperanza de que la interacción con sus seguidores pudiera aliviar la creciente tensión entre ellos. Se instalaron en el jardín, rodeados por una cortina de flores exóticas que, en otro tiempo, hubieran hecho resplandecer la escena. Sin embargo, ahora parecían un telón de fondo irónico ante el espectáculo de su propio desastre emocional. Las cámaras grababan, y Marta se esforzó en sonreír mientras Luis, en un estado de creciente incomodidad, respondía a las preguntas de sus seguidores con respuestas cada vez más vacías y mecánicas.

“¡Hola, chicos! Hoy tenemos un día muy especial, porque estamos aquí en este paraíso natural…”, comenzó Marta, mientras la magia de su voz se perdía en un mar de miradas. Luis apenas pudo articular una respuesta, su mente divagando en pensamientos oscuros y no expresados que amenazaban con salir a la superficie.

A medida que la transmisión avanzaba, la interacción del público se tornó inquietante. Preguntas cada vez más incisivas afloraron, cuestionando no solo su relación sino también su estado mental. “¿Alguna vez han sentido que sus seguidores conocen demasiado de ustedes?”, disparó un comentario, y la angustia de Luis creció, despreciando la idea de que su vida privada estuviera expuesta al juicio de aquellos que ni siquiera conocían su verdadero ser.

“Por supuesto que no —respondió Marta, desbordando confianza, aunque sus ojos destilaban incertidumbre—. Nos encanta compartir nuestra vida, pero siempre hay un límite, ¿verdad?” Las palabras sonaron huecas, como si en su intento de ser elocuente, había dejado de lado su propia verdad.

La conexión se cortó abruptamente, y la pantalla se volvió negra; no era solo un fallo técnico. Era un símbolo ominoso de lo que estaba por venir. Luis sintió un escalofrío que recorría su espalda, y el rostro de Marta, antes radiante, se transformó en una máscara de inquietud.

“¿Te das cuenta de lo que esto significa?” preguntó Luis, mirándola con un destello de alarma en sus ojos. “La gente está empezando a ser demasiado invasiva”.

Sin embargo, en el fondo de su torbellino emocional, Marta no era capaz de dejar de pensar en Clara. La joven había reaparecido en sus pensamientos como una sombra implacable que, aunque disfrutaba de su atención, también invocaba un profundo sentido de desconfianza hacia Luis. Hay algo sobre su conexión que no podía ignorar, una inquietud que la seguía con cada mirada y cada gesto.

“Vamos a pasear por el bosque”, sugirió Luis, buscando recuperar una sensación de normalidad. El aire en el exterior se sentía fresco, pero hubo un susurro de frialdad que los envolvió cuando se adentraron en el umbral de aquellos árboles. El canto de las aves se desvaneció y dio paso a un silencio inquietante que parecía observarlos, como si la naturaleza misma estuviera al tanto de su tormento interno.

A medida que se adentraban en el bosque, las sombras de los árboles creaban un espectáculo aterrador. La luz del sol se fragmentaba a través de las hojas, formando un mosaico inquietante en el suelo. Luis utilizó el silencio para intentar reintegrar el entendimiento en su relación. “Marta, necesitamos hablar. Clara… creo que no es quien dice ser”.

Las palabras de Luis resonaron en el aire, cortantes como el filo de un cuchillo. La revelación lo había golpeado con la violencia de un rayo, y mientras avanzaban, la atmósfera parecía helarse alrededor de ellos. “¿Qué quieres decir?” preguntó Marta con un tono de voz que delataba tanto su curiosidad como su desasosiego.

“Me asusta cómo reacciona contigo, como si estuviera buscando… algo. No puedo explicarlo, pero hay algo en ella que me inquieta”, declaró Luis, sus ojos ardían con una mezcla de miedo y determinación.

“¿Recuerdas cuando conoció a nuestros seguidores en la transmisión? La manera en que comenzó a hacer preguntas fue tan… deliberado”, añadió. Marta sintió una punzada de preocupación, pero su deseo de comprender a Clara superaba sus temores.

La discusión se convirtió en un laberinto emocional. “¿Y si ella está aquí para destruirnos?” sugirió Luis, su voz elevándose como un eco en el aire desesperado por responder a la angustiosa incertidumbre que se cernía sobre ellos. Su mirada dejó escapar un resplandor febril, como si se estuvieran asomando al borde de un precipicio.

Al continuar su camino por el bosque, la angustia se tornó palpable. Cada paso parecía llevarlos más allá de la superficie de una narrativa idílica y hacia un abismo de revelaciones perturbadoras. Él giró, tratando de encontrar respuestas en los ojos de Marta, pero en su mirada ya no había la fascinación de antaño: solo había confusión y un destello de miedo.

“Basta —dijo Marta, su voz quedando atrapada en un hilo de desesperación—. No podemos seguir así. Tal vez deba ver a Clara, hablar con ella. Necesito entender sus intenciones”.

“¿Entender sus intenciones?”, replicó Luis, su tono resonando con incredulidad. “¿Estás dispuesta a abrirte a ella? Desde el momento en que la conociste, nuestra relación ha tenido un cambio sutil pero doloroso”.

Era un punto de no retorno. La elección que Marta había tomado resonó en su mente, provocando un eco que reverberó con cada mandato que había escuchado en su vida. Mientras sus corazones latían desbocados, el bosque mismo parecía convertirse en un catalizador del horror que se gestaba en su interior.

Al regresar a su alojamiento, la atmósfera se sentía cargada de electricidad, compitiendo con el silencio abrumador. Pero antes de que pudieran plantear cualquier otro plan, Clara apareció en el umbral, su figura recortándose contra la luz del atardecer.

“¿Interrumpo algo?” inquirió con una expresión de inherente curiosidad. Su presencia se coló en la habitación como una neblina oscura y embriagadora que nublaba la mente de ambos.

“Clara —comenzó Marta, su voz temblando, pero la joven la interrumpió, acercándose como una serpiente que se desliza entre las hojas.

“¿Vine en un mal momento? Parece que han tenido una discusión muy intensa”. La risa de Clara fue un sonido tentador y perturbador, una melodía a la que se resistían, pero que tu mente aún deseaba.

“Estamos… hablando sobre ti”, dijo Luis con una firmeza que atribuía a su deseo de recuperar el control de la situación, aunque sus manos temblaban ligeramente.

“¿Por qué hablar de mí —continuó Clara— cuando lo verdaderamente inquietante es cómo siempre intentan proyectar una versión editada de sí mismos al mundo exterior?”.

Su mirada era penetrante, desnudando las armaduras de los dos jóvenes. Aquel comentario hizo que el ambiente se tornara corrosivo, como si se disipara la ilusión de seguridad que habían intentado mantener.

“Soy solo un reflejo de lo que ustedes también representan. ¿No les resulta curioso el doloroso contraste entre lo que muestran y lo que son realmente?” El tono lúdico en su voz se veía eclipsado por el profundo sentido de verdad que se asomaba en sus palabras, una verdad que se alzaba como una sombra, hostigando su existencia.

Marta sintió que su pecho se comprimía, ahogada por la revelación del miedo que había intentado ignorar. Cada palabra de Clara era una punzada que la atravesaba, hiriendo su ilusión de control y armadura.

“No tenemos que hacer esto, Clara —dijo Luis, casi suplicante—. Pero necesitamos que dejes nuestro mundo y te alejes de nosotros”.

“Oh, pero no puedo,” respondió Clara, su tono cargado de una risa helada que goteaba con una certeza escalofriante. “Soy parte de la suerte que les espera. Cuando unen sus corazones a las redes sociales, queda grabado en piedra que la búsqueda de la perfección acaba en la ruina”.

Marta sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, como si la realidad de las palabras de Clara se manifestara en el aire a su alrededor. Ella se dio cuenta de que el horror que la había estado acechando durante semanas no era más que la culminación de sus propios temores y la fragilidad inherente a su relación. En un despertar oscuro, comprendió que Clara no era la amenaza, sino más bien el espejo que ella y Luis se habían negado a mirar.

Los tres quedaron atrapados en un silencio tenso, cada uno a la espera de lo que el siguiente acto de este horror psicológico revelaría. El aire se volvió denso y frío, y las luces del día se desvanecieron rápidamente, dejando que las sombras penetraran por todas partes, cubriendo sus corazones con una oscuridad inexplicable.

Pero el final estaba lejos de ser evidente. Las cartas aún no se habían jugado y, mientras el atardecer se derrumbaba en la noche, la línea entre el amor y la destrucción comenzaba a cimentarse, dejando entrever un destino incierto…” Si la introducción fue de tu interés obtén el libro”

Capítulos

  • 1: La Presentación de la Imagen Perfecta
  • 2: La Atractiva Falta de Profundidad
  • 3: El Viaje Comienza
  • 4: Privacidad Invadida
  • 5: La Oscuridad Detrás de las Sonrisas ⬅️
  • 6: El Escalofrío del Horror Psicológico
  • 7: La Caída de la Perfección
  • 8: Confrontación con la Realidad
  • 9: El Clímax de la Locura
  • 10: El Abismo


“Sígueme” fue publicada el 4 de Mayo del 2024 por la editorial Vibras y está disponible en una variedad de formatos para satisfacer las preferencias de todos los lectores, incluyendo E-book, audio de 257 paginas. La novela ha trascendido fronteras, con traducciones a 25 idiomas, lo que refleja su alcance global y permite a una audiencia internacional experimentar este viaje a través del terror psicológico, todo bajo la pluma del talentoso autor Marcos Orowitz.