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El espacio urbano, en donde la ciudad es el mayor referente de esta temática, es el lugar en donde ocurre la novela urbana. La reflexión en torno al espacio urbano y su relación con la literatura debe entenderse desde las diferentes representaciones en la novela urbana que la ciudad ha tenido a lo largo del siglo XX e inicios del siglo XXI.

Los espacios urbanos que otrora no fueran más que escenarios; han cobrado una dimensión significativamente simbólica en las formas literarias contemporáneas, en donde la ciudad, como potencia dinámica, interactúa, afecta y modifica el devenir metafísico urbano, dando lugar a la reflexión sobre la posibilidad de una existencia de una hermenéutica del espacio en las ciudades contemporáneas y su influencia en las narrativas urbanas. 

Literatura de ciudad y Literatura urbana[editar | editar código]

El concepto de novela urbana que propone Álvaro Pineda Botero se entiende como la expresión de los problemas filosóficos del hombre contemporáneo, en donde la ciudad dista de ser un elemento meramente mimético en las formas estéticas de la literatura, para dar lugar a elaboraciones sensibles que configuran condiciones de posibilidad sobre las diferentes cartografías que se trazan en el devenir ciudad del sujeto urbano. Existe una relación dinámica entre los diferentes ejes específicos que operan al interior del campo de la novela urbana.

Para el autor, la reflexión que gira en torno a la ciudad como espacio en el que tiene lugar lo novelesco urbano no se limita únicamente a un inventario de lo espacial o referencial que tiene lugar en la narrativa urbana. De hecho, propone una diferenciación entre las novelas de ciudad escritas en el periodo de 1900 a 1950 y lo que posteriormente denominara novela urbana:

“Podríamos afirmar que la “novela de ciudad” está relacionada más que todo con la cartografía del espacio físico y el paisaje, con las menciones concretas de lugares, monumentos, edificios y avenidas. Es realista y mimética y se establece por lo general como testimonio. La novela urbana implica una concepción más amplia: es un horizonte en el que todo es posible; es el aspecto abierto para que surja la cultura y la creación literaria”.

En primera medida, son las nuevas dinámicas individualistas que representan un cambio cultural tanto en la vida en la ciudad, como también en la sociedad. Estas resignificaciones, junto al alejamiento del ideal moderno y a la búsqueda de las libertades propias del sujeto contemporáneo del que hablan Scott Lash y Giandomenico Amendola son el componente fundamental del momento histórico y cultural posmoderno:

“La vida en la ciudad representa la posibilidad de construir relaciones libres de vínculos predeterminados de carácter económico, social, político o territorial”.

Por consiguiente, la reflexión sobre lo urbano debe estar inserta en el ámbito de las posibilidades y complejidades de la sociedad posmoderna:

“Son más bien las nuevas culturas, los sueños, los deseos y  los miedos de su gente, la variedad de las nuevas tribus urbanas, la nueva demanda de la ciudad, las que connotan a la ciudad posmoderna”.

La Ciudad en la literatura urbana latinoamericana[editar | editar código]

En la novela urbana se entiende la ciudad como una elaboración sensible del hombre contemporáneo. Las tensiones y resonancias de la vida en la ciudad construyen los imaginarios sobre los que se fundamenta la experiencia urbana. De este modo, la reflexión sociológica, estética y literaria de las diferentes narrativas que dan cuenta de la relación eminentemente negativa entre el hombre y la ciudad propuesta por Georg Lukács, permite reflexionar en torno a los efectos simbólicos que tiene la vida en la ciudad al interior del hombre contemporáneo urbano. 

La relación negativa entre el hombre y la ciudad tiene su origen en la expansión de las ciudades durante la llegada de la modernidad. El impacto que tuvo la llegada de la modernidad y la industrialización al continente latinoamericano durante el final del siglo XIX y la entrada del siglo XX, fue determinante para el establecimiento de las formas sociales propias de la época y la manera cómo el nuevo hombre moderno procuraba entender las dinámicas de la vida en la ciudad, a medida que iba acomodándose a su nueva posición dentro de las ciudades emergentes. Como consecuencia, la expansión acelerada de la ciudad dio lugar a un territorio fragmentado por la inestabilidad económica, en donde predominaban la marginalidad y la pobreza, a medida que la brecha entre la sociedad burguesa y el resto de la población se ampliaba. Al respecto, el historiador José Luis Romero afirma:

“muchos sectores sociales constituyeron un mundo doblemente marginal: porque habitaban en los bordes urbanos y porque no participaban en la sociedad formalizada ni en sus formas de vida”.

Así, las ciudades latinoamericanas modernas se iban configurando como un lugar de confusión y hostilidad que posteriormente se vería reflejado en formas novelescas de la época como en Roberto Arlt y José Antonio Osorio Lizarazo. Al respecto, Marc Augé afirma que:

"las ciudades son aún hoy una combinación de lugares y en ese sentido están ligadas a la Modernidad, pero, por otra parte, nos preocupa verlas despersonalizarse, uniformarse, extenderse como imperios, suscitar identidades de “segundo orden” que se afirman fuera de ellas o contra ellas”.

El espacio y la literatura urbana de inicios del siglo XX[editar | editar código]

En la literatura de Roberto Arlt por ejemplo, es evidente el sentimiento de rabia que produce la marginalidad en la Buenos Aires de inicios de siglo. Sus personajes tienen que abrirse paso en el caos de la ciudad a fuerza de su carácter eminentemente violento y desesperado:

“La tierra está llena de hombres. De ciudades de hombres. De casas para hombres. De cosas para hombres. Donde se vaya se encontrarán hombres y mujeres. Hombres que caminan seguidos por mujeres que también caminan. Es indiferente que el paisaje sea de piedra roja y bananeros verdes, o de hielo azul y confines blancos. O que el agua corra haciendo glu-glu por entre cantos de platas y guijas de mica. En todas partes se ha infiltrado el hombre y su ciudad. Piensa que hay murallas infinitas. Edificios que tienen ascensores rápidos y ascensores mixtos: tanta es la altura a recorrer. Piensa que hay trenes triplemente subterráneos, un subte, otro, otro y turbinas que aspiran vertiginosamente el aire cargado de ozono y polvo electrolítico. El hombre... ¡Oh! ... ¡oh!”.

A su vez, en la Bogotá de José Antonio Osorio Lizarazo pueden evidenciarse las consecuencias sociales que tuvo la desmedida expansión de la capital hacia lo que fueran los territorios aledaños:

“Sí, la gente había cambiado mucho. Empezaba a civilizarse. Llegaban hasta el pueblo los efluvios de la ciudad, el egoísmo de la ciudad, la amplia cultura de la ciudad. La apacible quietud de la aldea se vio turbada de pronto por una serie de advenedizos, que trajeron su codicia, su sordidez, su especulación y las comunicaron a los campesinos, después de haber explotado durante algunas semanas su índole bondadosa.

Lo anterior es una aproximación a las primeras relaciones problemáticas documentadas del hombre con la ciudad dentro del ámbito de lo literario, en donde los efectos sociales y culturales que trajeron consigo la expansión y posterior consolidación de la ciudad pueden tipificarse como un conflicto constante entre el hombre y el vertiginoso crecimiento del territorio urbano.

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