Ilustración de Arthur Rackham
La serpiente blanca es un cuento popular alemán recopilado por los hermanos Grimm.
Sinopsis[]
Un rey que es poseedor de una cantidad de conocimiento que muchos juzgan como imposible de obtener tiene la costumbre de que todos los días, después de comer, se quedaba solo en la fuente y su criado de mayor confianza le llevaba una fuente cuyo contenido no conoce, de la que comía solo cuando estaba completamente solo. Un día la curiosidad venció al criado, que se llevó la fuente a su habitación para destaparla y averiguar su contenido, que resulto ser una serpiente blanca. El criado probó un trozo, y nada más hacerlo comenzó a escuchar unas voces en su ventana. Al asomarse vio que los que hablaban eran gorriones, pues la serpiente blanca concedía a todo aquel que comía su carne el don de entender el lenguaje de las bestias. Justo ese mismo día la esposa del rey pierde su sortija, y el rey sospecha que el criado se la ha robado. El rey dijo al criado que, si al día siguiente no se descubría al culpable, el criado sería juzgado como tal. El criado fue al patio para pensar tranquilo, a ver si se le ocurría una solución, cundo oyó a uno de los patos decir que le dolía la barriga por tragarse un anillo que se había caído de la ventana de la reina. El criado atrapo al pato y lo llevo a la cocina, dónde pidió al cocinero que lo degollase, y así dieron con el anillo de la rey. Una vez probada la inocencia del criado, el rey trató de compensarlo ofreciéndole el mayor puesto de honor en su corte, pero al criado solo le interesaba dinero y un caballo para salir a recorrer mundo.
El criado partió y por el camino se encontró con tres peces varados a las orillas de un estanque, a los que echo al agua para que no murieran ahogados; escucho al rey de las hormigas lamentarse de que los hombres nunca se desviaban del camino y siempre terminaban aplastando a sus súbditos, y él se apartó del camino para que las hormigas pudieran pasar seguras; y vio a unas crías de cuervo a los que sus padres echaban del nido, a pesar de que todavía no sabían volar siquiera, y el criado mato a su caballo para que las crías de cuervo se alimentasen con su carne. En agradecimiento tanto los peces como las hormigas como los cuervos le dijeron al criado que se acordarían de él y que algún día le recompensarían. Como el criado se había quedado sin caballo continúo su camino a pie, hasta que llegó a una gran ciudad, en la que vivían un rey con su hija, la cuál buscaba esposo, y habían ordenado publicar un bando, en el que se anunciaba que para obtener su mano había que pasar tres pruebas, y aquel que no las pasará perdería su cabeza. Aunque ya muchos lo habían intentado sin éxito, el criado se había quedado prendado de la princesa en cuanto la vio y fue a presentarse a las tres pruebas, que consistían en recuperar un anillo que habían arrojado al mar; recoger el mijo de diez sacos que habían esparcido por el césped de los jardines de palacio para el día siguiente al amanecer; y traer una manzana del árbol de la vida. Con ayuda de los tres peces a los que había salvado de morir ahogados el criado recupero el anillo; con ayuda de las hormigas puedo recoger el mijo; y con ayuda de los cuervos consiguió la manzana de oro del Árbol de la Vida. Y así el criado obtuvo la mano de la princesa.
Galería[]
Ver también[]
- Zlatovláska, cuento popular checo recopilado por Karel Jaromír Erben.