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D' Ganshidarin es un cuento popular alemán recopilado por Andreas Schumacher, que los hermanos Grimm incluyeron en la reedición de 1843 de Cuentos de niños y del hogar bajo el título Die Gänsehirtin am Brunnen (Trad: La pastora de ocas del manantial).

Antecedentes[]

La historia del rey que decide comprobar quién de sus tres hijas le quiere más pidiendo que lo expresen con palabras, y cómo las utilizadas por la más joven no son de su agrado, la termina expulsando del reino, para luego darse cuenta del terrible error que ha cometido, pues ha expulsado a la hija que más le quería, ya se encuentra en Historia Regum Britanniae, que sirvió de base para la tragedia de William Shakespeare El rey Lear

Ya en la primera edición de Cuentos de niños y del hogar los hermanos Grimm había incluido un cuento perteneciente al tipo 923 en el índice Aarne-Thompson-Uther, La princesa Piel de Ratón, pero en las posteriores ediciones había sido eliminado. Schumacher había publicado el suyo en 1833, y lo había escrito en el dialecto. En 1840 Hermann Kletke tradujo el cuento al alemán y lo incluyo en El almanaque de los cuentos populares alemanes, forma en la que los hermanos Grimm descubrieron la historia.

Sinopsis[]

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Ilustración de Arthur Rackham

Una anciana que vive en una cabaña en el monte con sus gansos los lugareños la evitan porque piensan que es una bruja. Una mañana en la que la anciana ha bajado del monte para recoger hierbas y frutas para sus gansos como hacía todos los días, la anciana se encuentra con un joven que no es del lugar, pues la saluda cortésmente e incluso le da conversación, comentando que la anciana no va a ser capaz de cargar con toda la hierba y fruta que ha cogido. La anciana le contesta que para alguien joven y de la nobleza como él puede resultar pesado, pero para campesinos como ella eso es lo rutinario, y pide entonces al joven que la ayude, cargando por ella la hierba y la fruta. El joven acepta, pero cuando oye que va a tener que estar cargando con la hierba y las cestas de fruta por una hora comienza a querer retractarse, pero antes de que pueda decir nada la anciana le carga con el haz de hierbas a la espalda y una cesta de frutas en cada mano, y el joven se pone a caminar. A medida que van avanzando el joven conde nota que lo lleva lleva se va volviendo cada vez más pesado, y por si esto no fuera poco a mitad del trayecto la anciana de un salto demasiado ágil para alguien de su aparente edad se sube a su espalda y obliga al conde a que también cargue con ella. Cuando finalmente llegan a la cabaña de la anciana, que se encuentra en lo alto de la montaña, los gansos de la anciana salen a recibirla, así como la muchacha de desagradable apariencia de cuida de ellos, que se refiera a la anciana como su madre, y la anciana se refiere a ella como su hija. La anciana le quita de la espalda el haz al conde y le pide que descanse en el banco mientras que ella va a dentro a guardar la hierba y la fruta, y a buscar la recompensa para el conde, que se queda dormido en el banco de lo agotado que estaba por el cansancio. Al rato la anciana le despierta y le entrega una cajita de esmeralda. El conde le da las gracias por el regalo y se marcha.

Tras tres días vagando por el bosque el conde por fin llega a una ciudad, donde le conducen al palacio real y le conceden una audiencia con los reyes de aquellas tierras. Durante la audiencia el joven conde le entrega a la reina la caja que la anciana le había dado, y al abrirla la reina se desmaya. Los criados prenden al conde y lo encierran en las mazmorras, pero cuando la reina recupera el conocimiento ordena que saquen al conde de las mazmorras y lo traigan ante su presencia, pues quiere explicarle porque se desmayó al abrir la caja. La reina le cuenta que ella y su esposo tenían tres hijas, y la menor de las tres tenía la capacidad de que las lágrimas que llorará se convirtieran en perlas. Cuando la princesa tenía quince años el rey reunió a sus tres hijas y las pregunto cuanto le querían. La más mayor respondía que tanto como al azúcar más dulce, la mediana tanto como a su vestido favorito, pero la menor dijo que, como era incapaz de imaginarse sus platos favoritos sin sal, quería a su padre tanto como a la sal. El razonamiento de la menor enfurece al rey, quién expulsa a su hija del castillo, con dos criados como escolta para conducirla a lo más profundo del bosque y con un saco de sal atado a la espalda. Aunque al poco tiempo el rey se arrepintió de su decisión y puso a sus hombres a registrar todo el bosque para encontrarla, no lograron dar con ella. Pero la perla que contenía la caja era idéntica a las lágrimas de su hija, por lo que eso indicaba que la princesa seguía viva, o al menos debía de haber alguna posibilidad de dar con su paradero. La reina le pregunta al conde como consiguió la perla, y tras oír hablar de la anciana el rey y la reina deciden que tienen que dar con esa anciana.

Mientras la anciana se encontraba hilando en su casa. Ya era el ocaso cuando su hija llegó con los rebaños de gansos y se sentó junto a su madre. Las dos mujeres permanecieron allí sentadas sin decir palabra por dos horas, hasta que un búho pasó junto a la ventana. Entonces la muchacha se levantó y se fue a dónde se encontraba un manantial rodeado por tres robles. Allí se quitó la piel del rostro y se lavó la cara, revelando su verdadero rostro, pues aquella muchacha era en realidad la princesa desaparecida, que se echó a llorar, y al hacerlo las lágrimas que caían de sus ojos se convertían en perlas. De pronto la princesa escuchó un ruido, y rápidamente volvió a ponerse la fea piel que usaba para cubrir su rostro y regresó a la cabaña de la anciana, que al recibirla le cuenta que esa noche se cumplen tres años desde llegó a su casa, y que ahora ella se tiene que marchar. La princesa, creyendo que la anciana va a echarla de casa, la pide que no lo haga, pero la anciana le dice que no se preocupe, que vaya a su cuarto a quitarse la piel y a ponerse el vestido que llevaba el mismo día que llegó. El ruido que la princesa había escuchado en el manantial lo había hecho el conde, que había acompañado al rey y a la reina en la búsqueda de su hija y se había subido a uno de los robles para pasar la noche y continuar su búsqueda al día siguiente. En cuanto la princesa se fue el conde descendió del árbol y fue en la misma dirección que había visto a la princesa marcharse. Por el camino se encontró con el rey y la reina, a los que contó el prodigio que había visto. Seguros de que se trataba de su hija el rey y la reina siguieron caminando hasta que llegaron a la cabaña de la anciana. Echando un vistazo por la ventana en el interior solo vieron a la anciana sentada mientras hilaba, que no reaccionó hasta que llamaron a la ventana. La anciana los invitó a pasar, y ordena a la princesa que salga de su habitación. Al volver a ver a su hija con vida el rey se pregunta qué puede dejarle a ella, pues el reino ya lo dividió entre las dos hermanas mayores de la princesa, pero la anciana le contesta que no hará falta, pues su hija ya tiene todo lo que necesita. Tras decir esto la anciana desaparece, la cabaña se convierte en un castillo y los gansos en doncellas. La princesa se casó con el joven conde y se quedó a vivir en el castillo.

Galería[]

Adaptaciones[]

Películas[]

  • La pastora de ocas del manantial, película alemana de 1979, dirigida y coescrita por Ursula Schmenger.
  • La pastora de ocas del manantial, cortometraje de animación bielorruso de 2013, dirigido y coescrito por Irana Tarosova.

Televisión[]

  • Las dos princesas, undécimo episodio de la segunda temporada de la serie de animación Simsala Grimm.

Comics[]

Ver también[]

Enlaces externos[]