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La reina orgullosa es un cuento popular portugués recopilado por Zófimo Consiglieri Pedroso.

Sinopsis[]

Una reina muy vanidosa siempre les esta preguntando a sus doncellas si han visto acaso a una mujer con un rostro más hermoso que el suyo, y siempre la responden que sí. Lo mismo sucede cuando interroga a sus sirvientes, pero un día le hace la misma pregunta al chambelán de palacio, este responde que sí que la hay. La reina le manda que le diga quién es, y el chambelán contesta que la hija que tiene la reina es más bella. La reina ordena que preparen de inmediato un carruaje, para llevarse a su hija al campo, y que sus sirvientes la corten la cabeza y la traigan su lengua como prueba. Los criados la llevan al campo, pero en vez de matarla, la revelan el macabro plan de su madre, la piden que huya del reino por su propio bien y el de ellos, y matan a una perrina para cortarla la lengua y mostrársela a la reina como si fuese la de la princesa.

La princesa mientras huye hasta llegar a una pequeña granja, en cuyo interior no encuentra a ninguna persona, tan solo restos de pisadas de cerdo. En la primera habitación encuentra un cofre de madera de pino, en la segunda una cama con un viejo colchón de paja, y en la tercera una mesa y una chimenea. Al abrir el cajón de la mesa encuentra algo de comida, que prepara, y coloca el mantel sobre la mesa. Cuando va a comer oye entrar a alguien. Asustada, se esconde debajo de la mesa, pero el dueño de la casa ya la ha visto, y la pide que salga de su escondite y que no tenga miedo. Los dos cenan juntos, y al terminar el hombre le pregunta a la princesa si se quiere quedar a vivir con él como su esposa o como su hija. Ella responde que prefiere quedarse a vivir como su hija, y el hombre la prepara una cama aparte para que duerma.

La princesa vive felizmente con el granjero, y un día el granjero la sugiere que salga a dar un paseo. La princesa le dice que no puede, ya que el único vestido que tiene es demasiado viejo para salir. El granjero saca del armario un hermoso vestido, que se pone la princesa y sale a pasear. Mientras que paseaba, se dio cuenta de que había un caballero que la estaba mirando, y asustada corrió de vuelta a la granja. El granjero la pregunta si disfruto del paseo, y ella le responde que sí, pero se lo dice en un tono de voz poco convincente. Al día siguiente la princesa vuelve a salir a pasear y se vuelve a encontrar con el caballero. En cuanto le ve regresa corriendo a la granja, y cuando el granjero la pregunta que tal el día, ella responde que no quiere volver a salir de paseo, ya que se ha encontrado con un caballero que se quería acercar a hablar con ella.

El caballero en cuestión era un príncipe, quién, tras pasar dos veces más por el mismo sitio, a ver si se volvía a encontrar con la asustadiza doncella, y ver que no volvía a verla, cayo en la desesperación ante aquel pensamiento y enfermó de mal de amores. Los médicos examinaron al príncipe y le contaron a la reina lo que su hijo padecía, y la reina proclamó un bando, en el que ordenaba que la doncella se presentase en palacio, y como recompensa se le concedería la mano del príncipe. Pero como la princesa ya no sale de casa, no se entera del bando. Al ver que la doncella no aparece, la reina manda a un guardia a inspeccionar la zona, y el guardia encuentra la granja en la que la princesa se esconde. Llama a la puerta y es recibido por la princesa, a quién pide que vaya a palacio con él. La princesa le pide que vuelva al día siguiente, para darle una respuesta clara, y cuando el guardia se ha marchado le pide consejo al granjero. El granjero le recomienda a la princesa que no vaya a palacio, sino que le diga al guardia que si la reina quiere verla, que se presenta ella en la granja.

Al día siguiente el guardia regresa y la princesa en un principio no quiere darla la respuesta, pues tiene miedo de la reacción. El guardia insiste, y ella termina por decirle lo que el granjero le había aconsejado que dijese. El guardia, cuando vuelve a palacio, tampoco quiere darle la respuesta a la reina, pues teme su reacción, pero como la reina insiste en que se lo diga, el guardia se lo cuenta. La reina se enfada al enterarse de la respuesta, pero como a su hijo le entra un ataque de convulsiones, va a la granja a suplicarle a la muchacha que se presente en palacio para salvar a su hijo. La reina ordena que la preparen un carruaje, pero cuando llegan, en lugar de una granja encuentran un palacio, el granjero en emperador y los cerdos que cuidaba en duques, mientras que la doncella luce el aspecto digno de una princesa. La reina le pide a la princesa que se case con su hijo, por que de lo contrario morirá, y ella acepta.

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