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La Gata del Hogar es un cuento popular portugués recopilado por Zófimo Consiglieri Pedroso.

Sinopsis[]

Una maestra viuda con una hija de su primer matrimonio tiene por alumna a la hija de un viajero, que es además una niña muy guapa. La maestra se pasa el día pidiendo a su alumna que le pida a su padre que se casa con ella, así ella la dará sopita de miel. Pero cuando la niña se lo dice a su padre, este siempre responde que no, por que primero sera sopa de miel, pero después lo será de hiel. La niña rompe a llorar por la respuesta de su padre, quién para tenerla contenta la dice que encargará un par de botas de hierro, que colgara del techo, hasta que estén oxidadas y cayéndose a cachos. Entonces se casará con la maestra. La niña va de inmediato a informar a la maestra, que le dice a la niña que, para que las botas se oxiden antes, las moje todos los días. La niña así lo hace, y tras un tiempo las botas comienzan a caerse a cachos. Al ver que tiene que mantener su promesa, el padre se casa con la maestra al día siguiente de que su hija le informe del estado en el que las botas se encuentran.

Mientras que el hombre esta en casa, la madrastra trata bien a su hijastra, pero en cuanto se marcha la madrastra la trata fatal. Un día la madrastra mando a su hijastra a sacar a pastar a una vaca, y que mientras hacía eso debía de enrollar madejas de hilo. Y para comer solo le dio una hogaza de pan, y para beber un cántaro de agua, que la madrastra le decía que tenía que traerla la hogaza entera y el cántaro lleno, sin que faltara ni una miga y ni una gota, si no le daría una paliza cuándo volviera a casa. La niña se fue muy desconsolada, pero la vaca le dijo que no se preocupara, y para ayudarla con la tarea de enrollar las madejas de hilo, le dijo que desenredase el hilo en sus cuernos. Luego, para que la niña pudiera comer y al mismo tiempo volver con la hogaza aparentemente llena, la vaca hizo un agujero en la corteza del pan, por el que sacaron toda la miga, que la niña se comió, y después taparon el agujero, de forma que parecía que la niña no había tocado el pan en todo el día. La niña regreso muy contenta a su casa, pero la madrastra, que quería una excusa para poder darle una paliza a su hijastra, al ver que su hijastra había logrado cumplir las aperentemente imposibles tareas que le había mandado, sospecho que la vaca la había ayudado y ordeno que mataran al animal. Y a su hijastra la mando que limpiase las entrañas.

La niña, muy desconsolada, fue a contarle a la vaca las ordenes de su madrastra, pero esta de nuevo la dijo que no se preocupase, pero que cuando estuviera lavando sus entrañas se asegurase de no perder lo que saliera de estas. Así, mataron a la vaca, y la niña se tuvo que ir al río a lavar las entrañas. Mientras que lo hacía encontró dentro de estas una bola de oro, que se cayo al agua. La niña la siguió, hasta que llego a una casa, cuyo interior estaba tan sucio y desordenado que decidió quedarse a limpiar y a ordenar un poco. Ya estaba terminando de limpiar cuando oyó que alguien se acercaba, y temerosa de que fueran los dueños de la casa, corrió a esconderse detrás de la puerta. Las dueñas de la casa, que eran tres hadas, se sorprendieron al entrar en su casa y encontrarla más limpia que cuando volvieron, y un perro que las acompañaba revela el escondite de quién les limpió la casa. Las hadas, tras encontrar a la niña, deciden que cada una le de un don, en agradecimiento por su buena acción. La primera hada le concede a la niña el don de la belleza, la segunda el don de que cada vez que hable de su boca broten oro y perlas, y la tercera la regala una varita mágica que la concederá cualquier deseo que tenga. Antes de volver a casa, las hadas le dijeron a la niña que, si su madrastra y su hermanastra le preguntaban por lo ocurrido, ella lo relatase todo del revés.

Al llegar a casa, su madrastra y su hermanastra la preguntan a la niña dónde ha estado, y ella sigue el consejo de las hadas y les cuenta todo lo ocurrido, pero del revés, contándolas que llego a una casa que estaba limpia y ordenada, que ella ensució y desordeno, y como recompensa recibió de las dueñas del don de que cada vez que hablase de su boca brotasen oro y perlas. La madrastra mando a su hija a casa de las hadas. En cuanto llego, las hadas estaban ausentes, y la casa limpia y ordenada. La hermanastra lo ensució y lo desordeno todo, y cuando oyó que alguien se acercaba, se escondió detrás de la puerta. Llegaron las hadas, acompañadas por el perro, que les dijo dónde se encontraba quién les había dejado su casa en tan lamentable estado. Las hadas encontraron a la hermanastra, que en lugar de recibir dones como ella esperaba, recibió maldiciones. La primera hada la condeno con el don de la fealdad, la segunda con el don de que cada vez que hablase de su boca brotase porquería, y la tercera con que sería miserable toda su vida. En cuanto la hermanastra regreso a casa y su madre la vio tan fea y echando porquería por la boca mientras hablaba, la madrastra echo la culpa de todo a su hijastra y la obligo a quedarse en la cocina, entre las cenizas, que era el único lugar adecuado para ella, y la llamaban la Gata del Hogar.

Un día la madrastra y la hermanastra fueron a unas carreras. En cuanto se fueron de casa, la hijastra pidió a su varita mágica un vestido, sombrero y botas para ir ella también. Con aquellas ropas la muchacha fue a las carreras, y en las gradas se sentó frente a la tribuna real. Su hermanastra, en cuanto la vio, le dijo a su madre lo mucho que se parecía aquella muchacha a la Gata del Hogar, pero su madre le contesto mandando que no dijera tonterías, que era imposible que aquella muchacha fuese la Gata del Hogar. Aún así, la Gata del Hogar se marcho antes de que se terminaran las carreras, para llegar a casa antes que su madrastra y su hermanastra. Así, cuando su madrastra llego a casa y le pregunto si había salido, ella, que ya se había quitado las bonitas ropas y se había embadurnado la cara con ceniza, le dijo que no. Al día siguiente sucedió lo mismo, la Gata del Hogar fue a las carreras con un vestido aún más espléndido que la vez anterior, y se fue antes de que acabaran, para llegar a casa antes que su madrastra y su hermanastra. El tercer día, cuando se marcho, perdió un zapato, que el rey, quién después de verla tres días seguidos se había enamorado de ella, recogió. Al ver que en el zapato ponía que el zapato solo le valdría a su verdadera dueña, el rey fue puerta por puerta, visitando todos los hogares de su reino y probando el zapato a todas las mujeres del reino. Finalmente le toco el turno a la madrastra y a la hermanastra de la Gata del Hogar, a las cuáles ninguna le valía. El rey las pregunto si vivía alguien más en su casa, y la madrastra le contestó que no, a lo que el rey insistió que debía de haber, pues ya habían probado el zapato en todas las casas del reino, y la suya era la última. La madrastra trato de convencerlo de lo contrario, pero como el rey siguió insistiendo, termino por admitir que estaba la Gata del Hogar. El rey les ordeno que la trajeran ante él, y la madrastra no tuvo más remedio que obedecer las ordenes del rey. La Gata del Hogar se probo el zapato, y al ver que le valía, el rey la reconoció como la dueña del zapato y se la llevo a su castillo para casarse con ella. En cuanto a la madrastra y a la hermanastra, fueron ejecutadas por orden del rey.

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